Música

ORIOL RANGEL

Una vida musical de profunda huella

Por: Sebastián Hernández Noreña *

Oriol Rangel

Se cumplió el centenario del nacimiento del pianista, compositor, arreglista y director de orquesta, oriundo de Pamplona – Norte de Santander, Oriol Rangel Rozo, uno de los grandes exponentes de la historia musical colombiana. ​
A la edad de 4 años, alentado por sus padres, comenzó la carrera musical de este nortesantandereano. Junto a su hermana Alcira, siendo todavía un niño, tomó lecciones de solfeo, armonio, violín y piano impartidas por su padre, gracias a que nació en el seno de una familia que siempre tuvo que ver con la música: su padre, ​fue organista de la catedral de Pamplona y su madre, era hermana del célebre director de la Banda Nacional, José Rozo Contreras.
Fue justamente su tío, José Rozo, quien ayudó a impulsar profesionalmente la carrera de Rangel. Luego de pasar una temporada en Cúcuta, donde participó de las actividades musicales que organizó su tío, Rangel decidió trasladarse a Bogotá para convertirse en timbalista de la Banda Nacional que dirigía su tío y, al mismo tiempo, ingresó al Conservatorio Nacional, dirigido entonces por el Maestro Antonio María Valencia. Más adelante, cuando ya había adquirido una madurez musical, se convertiría en pianista acompañante de músicos clásicos con amplia trayectoria, en el Teatro Colón.
Entre su extensa producción musical como compositor se destacan, entre muchas otras, las obras: Tres piezas para Orquesta (Vals, Canción de Cuna y Aire criollo o Aire Colombiano), Estudio de pasillo, Yolanda, El Dorado, Fantasía sobre Motivos Colombianos para trío de Cámara (Piano, Violín y Violoncello), Scherzo para Violín y Piano, Preludio para piano, Amanecer en Monserrate, Fita Chiquita, Pamplona, El Tato, Aquí y en Todas Partes, Alcira, La Cantaleta, A mi Colombia, El Tigre, Santandercito, Rodrigo Mantilla, Caperucita Roja, el Maestro Nicanor y Ríete Gabriel.
Sin lugar a dudas, el legado de este compositor es gigantesco, no solo por la cantidad de obras que compuso, sino por su concepto musical y el compromiso vehemente que adquirió con la música colombiana a la hora de interpretarla y componerla.
Así lo afirma Ciro Leal, licenciado en música de la Universidad Pedagógica y conocedor profundo de la obra del maestro Rangel, quien además sugiere que uno de los rasgos más característicos del maestro era su forma apasionada de interpretar el piano, y más cuando se trataba de música colombiana: «A pesar de que su formación era clásica, lo que es claro es que el maestro Rangel dedicó la mayor parte de su carrera artística al desarrollo, arraigo, conocimiento y deleite de la música colombiana, en especial de la región andina», señala Leal.
Ese sentimiento y compromiso con las músicas y las formas de expresión locales que influenciaron la obra del maestro Rangel tuvieron mayor impacto gracias a la difusión que se le dio a través de sus programas de radio. Fue director de orquestas de emisoras como «Nueva Granada», «Nuevo Mundo» y «La Voz de Colombia», y participó en los programas de la Radiodifusora Nacional de Colombia.
Sumado a eso, su grupo «Nocturnal Colombiano», integrado por dos flautas, guitarra, tiple, contrabajo y piano, tuvo gran injerencia mediática no solo en la radio sino en programas de televisión nacional con altísima sintonía como «Tierra Colombiana», con el maestro Jaime Llano, los hermanos Martínez y Otón Rangel Laco, hermano del maestro Oriol.
Tal influencia no fue solo a nivel mediático sino entre su propia familia. Mauricio Rangel, sobrino del maestro Oriol Rangel, es el único músico profesional de su generación en su familia. Es hijo de Otón Rangel (bajista e integrante del grupo «Nocturnal Colombiano»), y fue altamente influenciado por su padre y tío para emprender una carrera musical. Actualmente es el director del grupo «Impromptus».

Mauricio cuenta que, más que su tío, el maestro Oriol fue su tutor; no solo a nivel musical sino personal. Señala que su tío era una persona muy dadivosa, con un afecto especial por la comunidad campesina de la región andina. Recuerda que, era tal el arraigo y el altruismo por esa comunidad, que durante algún tiempo se dedicó a recorrer poblaciones de Santander y Cundinamarca repartiendo comida enlatada para aquellos menos favorecidos.
También rememora aquellos momentos en los que siendo un niño frecuentaba la radio Santa Fé, donde se emitía el programa del maestro Oriol «Antología de la Música Colombiana». Esa época, más o menos entre los años 50 y 70, constituyó, según algunos expertos, la edad de oro de la música andina colombiana y la radio. Gracias a la difusión que hubo tanto en radio como en televisión y a que se tocaba música en vivo en los programas, un gran número de personas almorzaba al son de bambucos, torbellinos, guabinas y otros más.
Uno de sus grandes amigos, que incluso lo acompañó días antes de su muerte en enero de 1977, Fernando León, destaca la figura de un ser humano bondadoso, jovial y jocoso. Y estas no eran cualidades fortuitas: con nostalgia, recuerda que cuando el maestro Rangel trabajaba en la emisora «Nueva Granada», tenía la costumbre de hacerse en la puerta de su trabajo, cada mes, a repartir su sueldo entre los habitantes de la calle. Estos últimos «reconocían al maestro, no por su música precisamente, sino por el lunar que tenía en su frente». El sentido de humanidad es lo que León más recuerda de su amigo.
Debido al contexto en que se desenvolvió el maestro Rangel, durante los años 40 y 50, cuando la violencia bipartidista alcanzaba su punto más álgido, entre los colombianos se gestó una sensación generalizada de inseguridad, mucho más en las zonas rurales y en las ciudades pequeñas, donde se había vuelto una constante solucionar los problemas o las diferencias con el machete o a disparos. Por eso, dice León, «como buen santandereano», el maestro Rangel permanecía armado donde quiera que iba. Incluso, cuando decidía tomarse unos tragos cerca a su casa mientras «tertuliaba» con sus amigos, solían hacer algunos disparos al aire para manifestar su euforia, «Le apuntaba siempre a los faroles», recuerda entre risas Fernando León.
Son tantas las anécdotas que dan cuenta de la personalidad bondadosa y jovial del maestro Rangel, que como él mismo dijo mientras departía con sus amigos en una tienda cercana a su casa: «se necesitarían al menos 5 volúmenes para contar mi vida» (Grabación hecha aproximadamente a mediados de julio de 1976).

​Por: Sebastián Hernández Noreña
Ministerio de Cultura (Ministry of Culture)
Bogotá, D.C. Colombia
www.mincultura.gov.co

One Comment

  • Magdalena Rozo Rangel

    Me enirgullece que se hagan estos escritos en memoria de mi tio Oriol. Trajo a mi memoria momentos vividos años atrás.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

secciones