Poesía

Orietta Lozano – Poeta

Orietta Lozano

Poeta y novelista colombiana nacida en Cali en 1956.Pertenece a la nueva generación de poetas colombianas con una marcada inclinación hacia los temas
eróticos. Es directora de la Biblioteca del Centenario de la ciudad de Cali donde ha desarrollado una
importante gestión.Obtuvo el Premio Nacional de
Poesía 1986 con «El vampiro esperado» y ganó además el concurso Mejor poema erótico colombiano. Entre sus publicaciones se destacan: «Fuego secreto» 1980, «Poesía para amantes», «Memoria de los espejos» 1983,
«El vampiro esperado»y «Agua ebria», traducido al francés.

Premios y distinciones:
Premio nacional de poesía Eduardo Cote Lamus, 1986
Premio nacional de poesía Aurelio Arturo, 1992
Premio mejor poema erótico colombiano, Casa de
Poesía Silva, 1994

A ESTE TRISTE ANIMAL QUE ME SOPORTA

A este triste animal que me soporta
le duele el vuelo de mi espíritu,
la sagacidad de mi garganta
que huye de la soga,
la escueta salud de mis microbios,
el juego lúgubre de mi carne.
La recolecta está hecha,
la oreja de Van Gogh, para un poema
de agua y de dolor,
un rayo de sol para mi ombligo.
Todos me dieron la palabra
plena de sutiles formas,
todos me dieron el ayuno pleno de sus bocas,
ahora, mis brazos fatigados
recogen las flores funerarias
esparcidas en mi alcoba.

AMO EN TI LO QUE EN OTROS…

Amo en ti lo que en otros
hubiera despreciado:
tus pasos algo tardos,
tus pies casi pesados;
tu cabeza inclinada hacia la frente;
tu madurez,
y tu cansancio.
Amo el gesto de tus labios,
tus sonrisas,
trago a trago.
Tu traje también lo amo:
es tu presencia;
sus arrugas son la marca
de tus luchas.
Tus zapatos son un signo de mi espera,
cuando van tristemente hacia tus calles.
¿Por qué tienes
las manos desatadas?
¿Quieres llevar la frente levantada
y estar firme,
y regresar a tu voz
hoy, y mañana,
con la misma palabra
decantada?
Te hallarías
inundado de fango,
enturbiadas tus manos,
y los hombros
agobiados de pronto por un peso
acerbo
tan intenso
que te arrastraría encadenado hacia los años
venideros.
Un sabor cáustico de acíbar
purifica mis labios.
Tengo envenenada la garganta.
Gritaría con rabia,
tumbaría mis puertas, mis techos, mis aldabas,
destruiría sin conciencia mi casa y tu casa,
para romper las ataduras
de tu alianza.
Pero sería la derrota de lo que vale adentro,
y estarías
empequeñecido por ti frente a tus ojos,
débil para la lucha de los odios
no tan grande, no tan fiero, no tan alto,
cuando tu cruz se levante
sobre el altar de tus años.

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